FES | Federación Española de Sociología

XII Congreso de la FES

La expulsión de la Compañía. El desencuentro con el orden civil y católico

GT 16 Sociología de la Religión

Autor/a
Laura Lara Martínez (Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA)

Programa:

Sesión de comunicaciones orales Franja 3 : Religión, modernidad y secularización
Responsable(s): Julia Martínez-Ariño (Universidad de Groningen)
Tipo de sesión: Sesión de comunicaciones orales
Día: viernes, 1 de julio de 2016
Hora: 09:00 a 10:45
Lugar: 005

LA EXPULSIÓN DE LA COMPAÑÍA.

EL DESENCUENTRO CON EL ORDEN CIVIL Y CATÓLICO

 

Dra. Laura Lara Martínez

Profesora de Historia Contemporánea

Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA

laura.lara@udima.es

 

Los jesuitas fueron misioneros de compás y estribo. En su concepción del ser humano, eran compatibles los adelantos científicos con el intento de devolver la dignidad usurpada a miles de kilómetros. Los Ejercicios espirituales del fundador, Ignacio de Loyola, son incoados como método de instrospección en toda época, también en la nuestra tan adicta a las técnicas de relajación y filosofías orientales. No en vano, las constituciones de la Compañía fueron consultadas incluso por Lenin quien llegaría afirmar que, si él hubiera contado con unos cuantos efectivos como los que tuvo Íñigo, el comunismo habría barrido el mundo.

Para un misionero jesuita no existían las distancias, como le sucedió a Francisco, nacido en el castillo de Javier, cuando en 1549 se presentó vestido de embajador (poder que le había otorgado el rey de Portugal) ante el emperador de Japón, un ser aparentemente poderoso que resultó no ser más que un muchacho de 16 años que calzaba plataformas y atendía a las órdenes de un shogun. Así, San Francisco Javier, copatrono de Navarra, se anticipó a la Paz de Augsburgo de 1555, sintetizada en el lema cuius regio, eius religio, esto es, que la religión de los súbditos sería la que tuviera el rey.

Observamos el talante ecléctico, educador, defensor de los derechos humanos y, en último lugar, evangelizador, de estos religiosos que, en nuestra opinión, constituyen la tercera vía del cristianismo en pleno debate Reforma/Contrarreforma. El cine se ha hecho eco de este mensaje: en la película La misión, con las paradisíacas Cataratas de Iguazú como telón de fondo del Tratado de Madrid (1750), aparece la disputa por el establecimiento de límites luso-hispanos en el área de las reducciones jesuíticas guaraníes, cuestión capital que preocupaba a la Compañía ya que querían evitar que los territorios españoles se contaminaran de los vicios portugueses relacionados con el comercio de esclavos.

Por ello, resulta paradójica la expulsión de estos misioneros. Se habían fundado después de la conversión del Íñigo soldado a raíz de su convalecencia al caer herido en el cerco de Pamplona en 1521 (año de la excomunión de Lutero), concretamente en 1540 obtuvieron la aprobación del Papa Paulo III y lograron ya, en el siglo XVI, instalarse en Transilvania, alcanzando el millar de miembros al morir Ignacio. Pero fueron expulsados en el siglo XVIII, primero de Portugal en la época del marqués de Pombal y de la Francia de Luis XV, luego de España con Carlos III en 1767 y, a continuación, de todo el orbe, salvo de Prusia y Rusia, donde Federico II y Catalina la Grande se negaron a aplicar la supresión universal dictada por Clemente XIV en 1773, alegando ser protestante y ortodoxa, respectivamente.

En clave de sociología de la religión podemos afirmar que el legado de Ignacio de Loyola, que tanto anheló las aulas de la Universidad de Alcalá, luego de Salamanca y más tarde de La Sorbona, que educó/evangelizó por las calles complutenses a los ‘iñiguistas’, constituye una herencia ideológica intemporal (también material, por la riqueza de su patrimonio histórico-artístico) porque así lo avalan los 17.000 jesuitas de la actualidad. Su cifra más alta fue la lograda en los años del Concilio Vaticano II, cuando los religiosos de los 4 votos alcanzaron los 36.000. La obediencia al Papa, un sumo pontífice que ahora es también jesuita, Francisco, hizo que fueran temidos y vistos como un poder dentro de otro.

Alcalá de Henares, por citar una de las numerosas ciudades con secular presencia jesuítica, hoy acoge tras desamortizaciones e incautaciones, a estudiantes en la Universidad, pues el Colegio Máximo es la Facultad de Derecho, y a feligreses en la parroquia contigua de Santa María la Mayor, iglesia madre de la Compañía en Alcalá y advocación titular del templo próximo en el que fue bautizado Miguel de Cervantes, recordado en éste su IV Centenario.

 

Palabras clave: Jesuitas. Misión. Conflicto religioso