FES | Federación Española de Sociología

Intervención de Emilio Lamo de Espinosa

Presidente de la Federación Española de Sociología

 

Good morning. Bonjour. Buenos dias. Bon dia.

Its for me a great honour, as present Chairman of the Spanish Federation of Sociology, to welcome to Spain such a huge but at the same time select representation of world sociology. Since 1992, when amid a wave of terrible heat we discussed in Madrid the shape of sociology (rediscovering the old, energy-saving, chinese technology of the fan, some of you may remember), we had not the opportunity to host again an ISA meeting. Its a great honour but also another opportunity for the spanish sociology. Because since 1992, many relevant events have taken place, events that affect sociology directly. This is the idea of this conference: how sociology may understand modern social world and how we can contribute to shape public debate.

Tres son al menos los cambios que, a mi entender, nos interesan hoy. Cambios en el objeto de nuestro análisis, en la sociedad. Cambios, en segundo lugar, no en el objeto sino en el sujeto observador, en nuestro modo de analizar esa realidad. Y finalmente, y esto es quizás lo más importante, cambios en la relación entre el sujeto y el objeto, en nuestra relación con la sociedad misma

Hace ya varias décadas que entre nosotros se generalizo el prefijo post. Lo inauguro, como sabemos Daniel Bell en 1972. Y desde entonces se ha generalizado: post-industrial, post-moderno, post-burgués, post-fordista, post-emocional, post-colonial, incluso (lo que es ya mucho decir, pero lo dijo Peter Drucker) post-capitalista. Lo que la generalización del prefijo quiere decir en todo caso es que sabemos que estamos mas allá de las sociedades modernas clásicas, de las sociedades industriales, pero aun  no sabemos donde, si en sociedades del conocimiento, de la ciencia, de la información o cual.

Pero hete aquí que cuando todavía estamos discutiendo la naturaleza del cambio en las sociedades avanzadas, la globalización cambia también a las retrasadas y las vincula como nunca antes con todo el mundo. Nunca fue mas cierto la intuición del poeta latino Terencio: nihil humanum a me alienum puto. Nada humano nos es ajeno, la humanidad es una unidad y no una colección de sociedades dispersas y aisladas, la sociedad se ha desterritorializado. Cuando Durkheim analizaba las sociedades australianas allá por 1912, las veía organizadas en clanes cada uno con su territorio y su tótem. Puede que también nosotros, los hombres del siglo XXI, sigamos todavía atrapados en una visión clánica-totémica, estatalizada, westfaliana, de la humanidad. Y puede que la gran tarea de la sociología en este comienzo de siglo, y su mayor contribución al debate público, sea justamente la de aprender a pensar el mundo como una unidad, y no en una colección de ellas, los 192 países de Naciones Unidas o los 204 de los recientes Juegos Olímpicos.

Es un cambio de calidad de nuestras sociedades que ha ido en paralelo a un cambio de nuestra mirada sobre ellas. La sociología abandono las aulas de las Universidades allá en los años 40 del pasado siglo para devenir una actividad profesional más.  Hoy es ingente la cantidad de recursos de todo tipo que invertimos en analizarnos y estudiarnos. La gestión de la complejísimas sociedades modernas sería imposible sin contar con la producción rutinaria y sistemática de todo tipo de datos y modelos, ya sea de emigrantes, nacimientos, mujeres maltratadas, drogadictos, delincuentes, automóviles vendidos, pisos, hipotecas, naranjas exportadas, ipc, fuerza de trabajo, etcétera. Quizás debemos cambiar nuestra percepción de nosotros mismos: no somos observadores de la sociedad, somos más bien el instrumento del que las sociedades se valen para auto-observarse.

Y es aquí justo donde aparece el problema del debate público. Todo lo que decimos de la sociedad se dice dentro de ella. Lo que Adorno llamó la metafísica por el ojo de la cerradura, la idea de que los sociólogos hablamos de la sociedad desde fuera, como si la viéramos por la cerradura de la puerta, se ha acabado. Y ello trae una crucial consecuencia: conocer el mundo es, al tiempo, cambiarlo, inevitablemente. La sociología tuvo siempre una dimensión normativa, moral; tuvo además, siempre, una condición performativa. Hoy ambas se fusionan de modo que preguntarse por la contribución de la sociología al debate público no es preguntarse por una tarea adicional sino indagar la condición social de la sociología en un mundo tecnificado, en un mundo que usa sistemáticamente de la ciencia social. Por ello, nunca fue mas cierto el dictum de Thomas (que por cierto no era suyo sino de su esposa, Dorothy Swaine): si los hombres definen la situación como real, esta es real en sus consecuencias. Lo que decimos sobre la sociedad contribuye a conformar esa sociedad y la sociología no puede renunciar a su dimensión normativa y ética. Lo vamos a ver estos días.

Esto lo sabemos bien los españoles que hemos utilizado la sociología como instrumento de cambio desde hace más de un siglo. Como muchos de ustedes ya saben, la primera cátedra de sociología se creo en España en una fecha tan temprana como 1898, en la Universidad Central de Madrid, ahora llamada Universidad Complutense. Mucho antes que en otros países. ¿Porque España era entonces una sociedad avanzada, moderna? Mas bien al contrario, porque la elite intelectual de España creyó entonces que la sociología era un buen instrumento de modernización de la sociedad. Y ocurrió de nuevo tras la muerte del general Franco, cuando una segunda elite modernizadora pensó que la sociología podía ser un buen instrumento para inducir e impulsar el cambio social en España. Con bastante éxito, por cierto.

Hoy la sociología está plenamente asentada y son 18 las universidades españolas que imparten titulaciones específicas de Sociología con más de 10.000 estudiantes. Y los licenciados en sociología presentan altos niveles de inserción laboral: alrededor del 81% se encuentran en situación de ocupación remunerada y el 96% de ellos fuera del ámbito académico.

La sociología ha saltado fuera de las aulas y las Universidades y se ha instalado dentro de la sociedad que observa. La relación sujeto-objeto ha cambiado. Y la pregunta que quizás debemos hacernos es pues la siguiente: ¿para quién escribimos?

Muchos de nosotros tratamos de hacer ciencia social, nada mas y nada menos, y por ello escribimos para nuestros colegas sociólogos en una lengua que les sea comprensible, usualmente el inglés. Es casi el único modo de formar parte de la comunidad internacional de la sociología. Pero muchos de nosotros sostenemos también que la sociología debe contribuir a ilustrar a los propios actores, que se trata de una ciencia emancipadora, liberadora. Y ese segundo objetivo moral tiene, evidentemente, otra audiencia, la sociedad misma, a la que deberemos dirigirnos con otro lenguaje, y a ser posible, en su lengua nativa. Para quienes no tenemos el inglés como lengua nativa esto puede ser un serio problema. ¿Somos rigurosos científicos y escribimos en inglés para nuestros colegas, o tratamos de ayudar a nuestros conciudadanos a entender su mundo y escribimos, por ejemplo, en español o catalán?

Personalmente debo decir que no alcanzo a entender el sentido de hacer ciencia por el placer de saber más si ese saber no sirve a los mismos ciudadanos cuyos problemas, angustias, temores o esperanzas estamos estudiando.

No es suficiente... conocernos a nosotros mismos -decía mi viejo maestro Richard Flacks-; lo que es necesario es la creación de un mundo donde todo el mundo sea capaz de comprender la realidad social, y donde, en consecuencia, nadie sea sociólogo[1].

Sí, ya se, se trata de un contra-factual, de una utopía. Pero es una buena utopía que quizás no debemos olvidar.

Y para terminar, sólo me queda dar las gracias al profesor Arturo Rodríguez Morató, verdadero artífice de este encuentro. Se bien lo que ha sufrido, luchado y batallado por su éxito. Pido un caluroso aplauso para el.

Thank you very much and welcome again.

 


[1] R. Flacks, Notes on the 'Crisis of Sociology , Social Policy, 6 (1972) 10.