FES | Federación Española de Sociología

In memoriam: Fermín Bouza, entre la bruma y la añoranza. Por Juan J. González

Texto y foto de Juan Jesús González

Fermín Bouza falleció el pasado 29 de octubre de forma abrupta, tras haber superado una operación quirúrgica que se complicó fatalmente con una septicemia. Nacido en Santiago de Compostela en 1946, abandonó Galicia debido a su activismo estudiantil y tras realizar estudios de Ciencias Físicas en Valencia se afincó en Madrid, donde desarrolló casi toda su carrera académica. Después de pasar por Psicología, inició su labor docente como profesor de Filosofía de las Ciencias Sociales en la Universidad Complutense, donde obtuvo en los primeros años noventa la cátedra de Opinión Pública de la Facultad de Ciencias de la Información. A partir de ese momento, se centró en el campo de la Comunicación Política, donde llegó a ser un reputado experto.

En 1994 nos incorporamos al Departamento Electoral y de Comunicación (DECO) del PSOE, bajo la dirección de Julián Santamaría, dando inicio así a una larga y provechosa relación que se materializó en varios proyectos de investigación, algunos de ellos patrocinados por el CIS bajo la presidencia de Fernando Vallespín y Belén Barreiro. Particular atención prestamos al estudio del framing y de las agendas, campo en el que Fermín hizo una contribución de la que se sentía particularmente orgulloso: el estudio del área de impacto, que contó con la aprobación de Maxwell McCombs. Junto con él codirigió la tesis doctoral de la ahora profesora Raquel Rodríguez (URJC) y juntos codirigimos las tesis de Antón Rodríguez Castromil y Palmira Chavero, actualmente profesores de UCM y FLACSO, respectivamente. Tras de sí, Fermín Bouza deja una estela de innumerables discípulos y seguidores que disfrutaron de sus clases y sus enseñanzas.

Dotado de una simpatía y una bonhomía impagables, todos añoramos su cálida cercanía y nos preguntamos por el sinsentido de su ausencia, ahora que se preparaba para apurar sus últimos años de docencia como profesor emérito. En el plano personal, deja una imborrable secuela de perplejidad y desolación, no solo en su entorno familiar sino también entre sus amigos y demás beneficiarios de su gran capacidad de afecto, que nunca podremos olvidar su plástica lucidez a la hora de recrear sus años juveniles entre las brumas de su irredenta Galicia ni su retranca a la hora de comentar la política española. Hasta su despedida tiene algo de irónico: frustrado por los sucesivos fracasos del nacionalismo gallego es como si hubiera elegido la fecha y hora de la segunda investidura de Mariano Rajoy para desaparecer. Que los dioses le guarden.