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Análisis del Mito de Prometeo y la Persistencia de la Violencia Simbólica hacia las Mujeres

GT 12 Sociología del Género

Autor/a
Macarena Trujillo Cristoffanini (Universidad de Playa Ancha, Valparaíso, Chile)

En todas las sociedades se pueden observar la existencia de mitos fundacionales que componen y configuran la realidad social. Estos relatos contienen una carga valórica que se impregnan en los cuerpos sociales por medio de la  repetición y  legitimación de los mismos. Como resultado, éstos se inscriben en los imaginarios y en los cuerpos de las y los sujetos sociales. En este contexto, cabe preguntarse que papel juegan los mitos y tragedias griegas en la construcción de los imaginarios sociales  de género occidentales. Así, estas narraciones pasan a conformar los ejes fundacionales de lo que se denomina cultura occidental, la cual es definida por la  mirada feminista como androcéntrica y eurocéntrica. Desde el androcentrismo, como señala Luce Irigaray[1], lo femenino se construye como lo “no masculino”, es decir como otredad. En este sentido podemos afirmar que para que una cultura sea androcéntrica, debe haber atravesado por un proceso de cuestionamiento y reflexión en torno a lo qué es lo masculino y lo femenino y a su vez, haber posicionado estas concepciones dentro de un sistema de clasificaciones jerárquicas situándolas siempre como categorías opuestas. [2]

De este modo, el siguiente artículo tiene como objetivo el análisis del mito de Prometeo, en cuanto constituye un relato significativo en la legitimación de la cultura patriarcal, validando así la construcción  simbólica de identidades y roles de género basados en estatus diferenciados. Dicho análisis entenderá que el componente central de este relato es una estrategia de desvalorizar lo femenino situando esta práctica como violencia simbólica[3]. En este sentido Hesíodo es claro y determinante al señalar: “Pues de ella desciende la estirpe de las féminas mujeres, pues de ella desciende la funesta estirpe y las tribus de las mujeres. Gran calamidad para los mortales, con los varones conviven sin conformarse con la funesta penuria, si no con la saciedad (…) le infundió habla el heraldo de los dioses y puso a esta mujer el nombre de Pandora porque todos los que poseen mansiones olímpicas le concedieron un regalo, perdición para los hombres que se alimentan de pan”. Así la tradición mítica se ha traducido históricamente en una herramienta subjetiva de legitimación en la medida que justifica las desigualdades y éstas se validan como naturales. Hoy, estas narraciones tienen el poder de pasar desapercibidas, en cuanto dispositivos de modelación y coerción social, ya que son tomadas por la audiencia como “historias de la historia”.  La complejidad radica en ese mismo punto, ya que en la construcción de las identidades y roles de género vigentes emergen dichos planteamientos en torno a lo femenino y a lo masculino,  y desmontar los elementos simbólicos presentes en este relato permiten la comprensión del peso de las construcciones simbólico-culturales en las identidades de género tradicionales con el objetivo de  cuestionarlas para su trasformación.

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[1] Irigaray, Luce. “Tu, yo, nosotras”. Editorial Cátedra. 1992

[2] Prudence Allen, citada  en Rivera, M. (2003). “Nombrar el mundo en femenino”. Editorial Icaria.

[3] Madrid, Mercedes. (1999). “La Misoginia en Grecia”.Madrid, Editorial Cátedra.

Palabras clave: Construcciones de Género, Violencia Simbólica, Mitos Cosmogóniscos, Prometeo, Pandora